Capitulo seis
El Caballero y el Ángel
El Caballero y el Ángel
Las semanas pasaron velozmente desde aquel encuentro furtivo entre Maryn y Sayrac, el pequeño Abel no había tenido oportunidad de ir a quedarse con ella en la cabaña, por lo mismo su animo decaía constantemente, deseaba pasar un tiempo como un niño amado pero tenia que conformarse con comer y disfrutar de su ángel en la casa a escondidas, se paseaba como un fantasma detrás de ella para conseguir la visión de su hermoso rostro sonriendo. Mientras tanto Sayrac estaba comprometido con muchos asuntos de trabajo, la empresa iba regular, los contratos de sus empleados eran muy bajos y las regalías que estaban teniendo no eran justas, pero los demás socios no pensaban como él y abolían sus opiniones de justicia, esto le ponía de mal humor, a diferencia de sus socios, no deseaba lucrar con le sobreexplotación de campesinos necesitados, sino mas bien darles lo justo y merecido, su mente se distraía de los papeles cuando su esposa llamaba a su puerta.
- Sayrac…- dijo al entrar con un vestido exuberante de color verde pálido, con muchos detalles y el cabello platinado recogido con aun mas adornos.- ¿como se ve este vestido? – pregunto ella dando un gracioso giro exacerbando mas la grandiosa pieza de vestir.- es lo ultimo en moda, lo encargamos a Paris, ya que no me has llevado de compras tengo que hacerlas desde aquí…- dejaba leer entre líneas si disgusto por la poca atención que estaba recibiendo.
- lo siento…- se disculpo, sacando las gafas de sus ojos cansados, sorprendentemente no encontró ninguna diferencia con todos los otros trajes que tenia su esposa.- sabes que el trabajo me ha mantenido ocupado por semanas – inclino su espalda hacia atrás reclinándose en la silla.- ¿has dicho que es nuevo? – su rostro lucia tan sereno como de costumbre, pero sus ojeras y cara de cansancio lo hacia ver mas viejo de lo que era.
- acaso no lo notas…- el ceño se le frunció con algo de enfado por el desinterés de su esposo. – ¿porque siempre me haces enojar? Le prestas mas atención a esa pila de papeles que a mí… soy tu esposa por sí se te ha olvidado – se planto delante del escritorio poniendo la manos sobre la madera – hasta prefieres ir de viaje con Abel que sacarme de este encierro…- seguía hablando elevando su tono con cada palabra – ¿Por qué lo prefieres a él en vez de a mí? – una extraña escena de celos se estaba gestando dentro del estudio.
- deberías escucharte – le dijo tranquilamente, se acomodo recto en la silla soltando un suspiro cansado, Lalyth siempre mostró un carácter caprichoso y superficial que hasta entonces supo llevar, pero en ese ultimo tiempo se estaba cansando rápido de sus acostumbrados berrinches - ¿estas celosa de tú propio hijo? No crees que has pasado el limite…- por algún motivo estaba notando todas las imperfecciones que conformaban su personalidad su egoísmo, soberbia, vanidad, etc. Todas las pequeñas cosas que antes no podía ver – si deseo pasar tiempo con Abel es por que lo necesita – se levanto de la silla para imponerse con presencia – además, eres tú la que me obliga a disponer mi tiempo a los negocios – esas palabras eran peores que cuchillas ardientes – te recuerdo que eres tú a quien le importa el estatus social y económico, que no son nada módicos – se dirigió a la puerta abriéndola – ahora si me disculpas debo regresar a mis obligaciones -
- no tenias que ser tan maleducado – ella se retiro con pasos sonoros y la frente en alto, cada cosa vertida en el encuentro eran ofensas hacia su persona, no amaba a ese hombre pero tampoco permitiría que el dejase de adorarla como una diosa – nos vemos en la cena – le dijo como palabras de despedida.
En todos esos años de matrimonio él jamás se había atrevido a se tan directo y cortante con ella, algo estaba pasando con su esposo y ese algo no era nada conveniente para ella… si Sayrac intentaba a anteponer todos sus defectos y limpiaba el vidrio que ella le impuso en esos años, su feliz matrimonio estaba en problemas. Siguió avanzando por el pasillo de su casa, el cual estaba adornado con grandiosas pinturas de reconocidos artistas y en su mente se formulaban las incógnitas del cambio de su esposo, la primera y siempre acertada era otra mujer, pero conociendo la integridad de Sayrac la idea de que él tuviera otra mujer era absurda.
- jajaja.. si papá se casa con ella…
La frase le llego de golpe, era la vos de Abel, se acerco la alcoba del niño para ver que era lo que balbuceaba, pero no volvió a escuchar que hablara o por lo menos no a esa distancia, se escabullo mas cerca y logro vislumbrar la silueta de su hijo sentado en el suelo de la habitación jugando con unas ropas.
- sería lo mejor, podríamos vivir allá y comer siempre lo que cocina! – seguía jugando con trapos viejos con la miraba pegada en ellos y con una sonrisa que no conocía en él – ¿no sería genial eso? – entonces el niño levanta en sus manos lo que tanto miraba, era una remero de peluche, hecho al parecer de trapos con forma de oso.
Pego la cabeza a la pared y sus ojos se fijaron en el vació, su esposo estaba teniendo una aventura y su hijo sabia de esa mujer, no solo eso sino que apoyaba la unión de ellos… en estos momentos era cuando necesitaba de la manipulación de su hijo, pero en vista de que el niño estaba igual de embobado con la mujer aquella. Cerro la mano, clavando sus uñas en ella hasta lastimarse. Salio del pasillo llevada por una furia encendida, estaba tan molesta con lo escuchado y mas aun al saberse una idiota a quien estaban engañando.
Entro en su cuarto y cerro la puerta de golpe solo para dar un grito de ira, destruyo todo lo que estaba a su paso, destrozo hasta las cortinas de la cama arrancándolas con fuerza, estaba siendo desplazada no solo por su esposo si no por su hijo, todos eran unos traidores y querían robarles lo que tanto le había costado, hasta había luchado contra su hermana por ese puesto de señora que otra estaba deseando. Finalmente se desplomo en el suelo aun agitada por la furia del engaño, lentamente su mente comenzó a trabajar en algún plan para salvar su posición dentro de ese mondo.
Mientras la inocente chica estaba en la cocina haciendo su trabajo y ruborizándose cada ves que recordaba el beso con el señor, sentía su estomago apretado por querer uno mas, solo un beso mas de su boca para ser intensamente feliz, preparando la comida que sabría aun mas deliciosa que siempre ya que todas sus emociones puras estaban vertidas en ello. En eso entro la ama de llaves poniendo orden a su efusiva sonrisa, detestaba como esa muchacha sonreía, le parecía una amenaza para la señora, si esa niña decidía hacer algo en contra de su señora se las vería con ella, por lo mismo la mantenía a rallas y con un trabajo insignificante para alguien insignificante.
- que es tan gracioso, para que mantengas esas sonrisa – su vos de ultratumba le llevo un salto y un pequeño grito a Maryn – ¿pero que te pasa? Acaso no sabes comportarte – con el salto había saltado comida a su ropa y derramado algo al suelo – haces un desastre de todo!..- le dijo antes de retirarse
Maryn se encogió de hombros y empezó a limpiar lo que había ensuciado pensado que la señora era algo mala con ella, a las demás no las trataba tan brusco. En ese mismo momento llego la señora de la casa Lalthy pegando un golpe en la puerta con su mano, siempre era su costumbre hacer esos actos.
- ¿acaso no hay una sirvienta en estas casa? ¿o pretenden que yo me atienda sola? – siempre tenia una expresión de amargo en su rostro pero ahora era mucho mas feroz que de costumbre, Maryn se levanto casi temblando para hacerle una reverencia y bajar la cabeza – perfecto! Pido una sirvienta y viene una – la apunto con su dedo largo y fino, mirándola intensamente – tú muchacha ven conmigo, que tienes un deber que cumplir… para eso te pago. -
Sus actos siempre despreciativos no intimidaron mas a Maryn, ya se estaba acostumbrando a ser mirada como basura el problema era la orden que recibió del ama de llaves, de jamás mostrarse en la casa pero según lo veía ella era mas importante una orden directa de la señora. La siguió a cinco pasos de ella, siempre mirando solo su espalda, tenia el porte de una duquesa pero no era para nada amable, en silencio trascurrió todo el recorrido por el largo pasillo hasta llegar a una habitación que ella conocía como el cuarto del señoriíto de la casa.
- aquí – le dijo señalando la puerta de la habitación – quiero que encuentres un trapo viejo, algo que mi hijo guarda y que es asqueroso – se notaba el desprecio con el que habla del objeto pero también el enfado . Maryn se quedo perpleja con la petición, un trapo vejo… algo de su hijo, la llamo para buscarlo .- pero que haces!! Te he dicho que vayas por el!! – le grito zapateando su pie izquierdo para que su orden se cumpliera.
Ella entro al cuarto pero a simple vista no vio nada y se dispuso a buscar entre las cosas, como hurgando entre las ropas el closet del niño, estaba lleno de ropas muy costosas y las telas eran tan suaves, se distrajo tocando una lana gruesa de un abrigo pero la vos que la apuraba desde afuera la hizo reaccionar, se dirigió entonces al baúl de juguetes pero allí tampoco encontró nada, miro a la señora y le hizo señas de no encontrar nada, entonces sobre la cama, recostado en ella como si fuera una persona había un bulto, se acerco y miro mas de cerca, descubrió las sabanas y grande fue la sorpresa al ver el osito que su madre le había confeccionado años atrás, lo tomo y no salía de su asombro, estaba buscando alguna explicación para eso pero no le venia nada a la mente.
Lalyth se complació al ver como la muchacha traía consigo el muñeco, sus planes no eran requisarlo sino destruirlo para que el niño entendiera que siempre estaría bajo su mando, cuando la chica llego le arrebato el oso.
- puedes retirarte – le dijo antes de girarse y salir hacia su propio rumbo.
Maryn quedo desesperada ¿Qué le haría a su muñeco? ¿y por que se encontraba en esta casa?, suspiro e intento regresar a la cocina pero el recorrido de la casa era mas extenso de lo que imagino y no sabia siquiera en que planta estaba, siempre que visitaba las habitaciones iba acompañada de otra chica. Anduvo entonces a tropezones por las puertas, abría y cerraba con cuidado las que encontraba, además de que buscaba en cada una alguien que la ayudara, pasaron los minutos y nadie la socorría, pero el principal problema era su ausencia en la cocina, debía estar allí para terminar la comida y servirla. Estando recorriendo el lugar entro a lo que por fuera parecía un despacho, cuando abrió la puerta noto que no estaba vació como los otros cuartos, golpeo dos veces en la puerta y se adelanto a entrar haciendo la acostumbrada reverencia.
- discúlpeme, soy Maryn una de las sirvientas de la casa – continuo diciendo la joven mientras la persona se ponía rígida de espaldas a ella y no emitía ningún sonido. – disculpe, pero me podría decir donde esta la cocina…- trago saliva ya que la quietud del hombre la asustaba, aun que contenía algo de familiaridad.
- vete..- fue la respuesta seca que cobro, la persona no tuvo miramientos en ignorarla y dirigirse al sofá que de igual forma miraba a la ventana.
- perdón, no quería interrumpirlo – se disculpo por tercera ves antes de salir del despacho. Cuando cerro la puerta se quería desplomar en la entrada pero en ves de eso salio corriendo, no miraba nada solo quería huir de esa casa y no volver.
Después de la intervención en la habitación de su hijo y de encontrar lo que tanto quería, esa cosas a la que su hijo le habla, como había supuesto era una asquerosidad, un muñeco de trapo sucio y viejo, remedado, parecía una de esas cosas que usan los pobres. Sus ojos se llenaron de un fuego odioso, solo quería destruir a la persona que le había dado este regalo.
- me pregunto que harás cuando yo te atrape – apretó el muñeco entre sus manos, lo apretó hasta que se rompió las costuras del borde – cuando te atrape vas a desear jamás haberte metido en mi camino – tiro lejos de sus manos el muñeco mientras se reía complacida de su próximo movimiento, estaba conciente de su desventaja pero no importaba la forma en que salieran las cosas, ella siempre obtenía lo que deseaba.
Paso algo de media hora desde todos esos hecho, Maryn entre su huida encontró el camino a la cocina, Abel entre tanto descubría la falta de su pequeño compañero y aquel hombre tan osco no había sido otro que Sayrac, después de que Maryn se fue su alma volvió al cuerpo, no deseaba que la muchacha lo viera en la casa no sin que antes él mismo le digiera la verdad.
Abel no aguanto el desconcierto y salio a buscar su muñeco, era lo único que le daba alegría y le recodaba a su querido ángel, lo busco por todo su cuarto pero aun así jamás lo encontraría, entonces vio algo en la alfombra, un brillante arete que solo su madre usaba. Recorrido por un enorme enojo se fue hacia la habitación de su madre, con la prueba en su mano, lo que no entendía era como ella se había enterado de su muñeco pero eso no importaba de mucho, solo deseaba recuperar lo que era suyo. Recorrió el camino hasta su madre, el cual lo conocía de memoria, cuando llego abrió la puerta sin pedir permiso.
- Donde lo dejaste!! – grito el niño buscando en el primer lugar que sé le cruzo – se que tú lo tomaste! – seguía en sus acusaciones, odiaba a su madre por muchos motivos pero esta vez se había excedido, traba las ropas del closet de su madre.
- que haces?!!..- su madre llego tras él, tomándolo de las manos y lanzándolo al suelo – largo de aquí, largo!!- Lalyth se enfrascó en un duelo de miradas con su hijo, ambos ojos azules fríos resistían la intensidad del otro. – he dicho fuera de aquí!! –
- no me iré hasta que me lo entregues..- Abel valiente se levanto del suelo y le hizo frente, valía mas ese recuerdo que el respeto a su madre – devuélvelo!!-
- niño insolente, no le grites a tú madre! – la bofetada no se hizo esperar, dejando la blanca piel de Abel marcada, la mano de Lalyth se mantenía en el aire – eres desobediente e insolente, no mereces nada!
- solo quiero que me los des!! – le grito sin mover un pie de su posición, mostraba todo su valor y desafió ante ella – no es tuyo, no tenias derecho a tenerlo!..- empuño sus manos agitado con la rabia que su madre le inspiraba.
- cállate! – otra bofetada le giro el rostro a Abel, la cara de su madre derramaba todo su odio contra él. No solo era odio, lo aborrecía, detestaba la idea de que su hijo se impusiera a ella, que defendiera el regalo de otra mujer mas que a ella misma – eres un asqueroso traidor igual que tu padre!! Los dos me han estado mintiendo!! – su mano se volvió a levantar pero esta ves fue frenada por otra.
Entonces tanto Lalyth como Abel dirigieron sus miradas a quien intervenía entre su discusión, ante ellos la altura de Sayrac se imponía, su presencia era como una sombra de un gran árbol cubriéndolos a ambos. Pocas veces perdía la compostura pero esta ves lo notabas en sus ojos, se mostraba molesto, mas que eso disgustado con los dos. Tiro la mano de su mujer lejos de él y con el impulso también la empujo a ella, no alcanzo a votarla pero ese demostración de fuerza asusto de sobremanera a Lalyth, Abel en cambio levanto su cabeza esperando una reprimenda bien merecida, no se haría el desentendido y tampoco estaba dispuesto a pedir perdón.
- que esta pasando en mi casa..- sin subir su tono de vos, pero con un enfado poco visto en él, miro a cada uno por separado y luego entro poniéndose entre ellos – no puedo tener paz en mi propia casa?... es acaso este lugar un reciento de guerra! – estaba harto de soportar el día, su mujer lo estaba exasperando y su hijo no lo hacia nada de mal.
- ELLA TIENE LA CULPA!! – estallo Abel, mostrando sus lagrimas – ME QUITO LO QUE ELLA ME DIO.. - no contuvo nada, no le importo nada, solo quería tener de vuelta ese pedacito de cariño que tanto cuidaba. Estaban peligrando muchas.
- de que esta hablando?!! – grito Lalyth, había obtenido lo que deseaba, de una manera poco sutil pero lo había logrado – Sayrac!! DIME!! – ella también estaba perdiendo la cabeza, la incertidumbre la estaba carcomiendo.
- a callar los dos! – no subió ni una milésima si vos, estaba ardiendo por dentro su hijo había quebrado la confianza y el secreto que los unía, y también estaba poniendo en peligro a pobre Maryn. Si su esposa llegaba a dar con ella no se detendría en nada para sacarla de su camino.
Cuando ambos se quedaron en silencio, Sayrac aprovecho para enviar a Abel fuera del cuarto. En el estado de su hijo solo empeoraría las cosas para Maryn, necesitaba que su esposa dejara las sospechas y él no era un buen mentiroso pero lo intentaría para cuidar a esa persona. Abel seguía llorando de camino a su cama, en el trayecto su mente fue mas racional y vio entonces el terrible error que había cometido, no pudo ver en ese instante lo que su madre estaba planeando y como un animal cayo en la trampa. Mientras tanto Lalyth actuaba su papel de afligida, no soportaba la idea de ser reemplazada y mucho menos perder lo que tenia, las palabras de su esposo no la convencían, la historia que le contaba distaba mucho de lo que escucho de su propio hijo.
- no sabes el daño que me haces…- gimoteaba entre las palabras – yo he sido una buena esposa, una buena madre!..- daba vueltas en el cuarto, secando las lagrimas con su hermoso pañuelo bordado – como quieres que te crea! No puedo hacerlo!.. ni siquiera puedo mirarte!..- su pose y sus manos dramatizan aun mas la escena, solo quería obtener una confesión, solo una para dejar a su esposo atado a ella por la culpa -
- no exageres Lalyth..- él sabia que juego estaba usando ella, podía dejarla hacer lo que deseaba, lo que significaba que no era un tonto sino un permisivo.- si no puedes creer lo que digo entonces… piensa lo que quieras! – estaba cansado de jugar, solo quería que su esposa dejar el drama y se comportara mas como una adulta.- ahora devuelve me lo que Abel perdió…- extendió su mano a ella, mirándola con sentencia y antes de que opusiera un reproche le advirtió – y no me niegues que lo tienes, yo se que es así..- esa ultima palabra la marco enérgicamente, así como ella lo conocía, él también sabia de sus trucos y sus fallas.
to be continue..
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